"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

25 enero, 2011

El sonido de los abrazos

Al sostener el cemento -durante un cierto tiempo-, sobre la mano, la superficie se seca y agrieta, cuando eso me sucede siempre pienso en el tacto de una crevasse; una crevasse es una abertura natural en un glacial. Se deben a los movimientos de éstos, que se rompen al adaptarse a la pendiente cuando ésta se vuelve importante. Eso dice la Wikipedia. El pasillo está lleno de grietas como crevasse, y hoy, de todas ellas ha salido el texto y la imagen de abajo, lo he leído tantas veces que el papel ha sido como el cemento sobre mis manos, agrietándolas, hasta convertirse en hormigón y producir -con el movimiento de los brazos-, una crevasse gigante.




Marc Chagall. Life and Love


[entiendo que tu amor traspone todo refugio,

quema todo sin armas/Luis Alberto Spinetta]

Esa tarde te recorrí como las cantidades avanzan: de menor a mayor. Leí tus viejos relatos, dolores insoportables y ‘pasiones imperiosas’. Fui de arriba abajo como trazando latitudes violentas, sin sangre; pero sobre ti. El cuerpo al que a veces me entrego. Con dulce agua. Y sin hacerlo. No había canciones mexicanas ni españolas, solamente silencio. Bohemia y frío de habitación. Y cataclismos. Mis labios pronunciándote en antiguas fotografías de colores amarillos y verdes. Y nunca me gustaste tanto como cuando sentí que no te conocía. Es como decir ‘nunca te amé tanto como cuando sentí no te tenía’. Pero no. Sucedían las extremidades en momentos equivocados. Los restos de un alud mediocre. Por lo demás, eran respiraciones pausadas. Las piernas estaban desnudas y mi cabello húmedo. La boca me dolía. El frío penetraba mis pies como una espada. Debes saberlo, somos el calor que nos buscamos, sin encontrarlo, por las noches invernales. Tan inútiles. Debes saberlo porque el ardor recorriendo la garganta lo conocemos las dos: cuando nos hemos bebido mucho.

Y te digo: estoy temblando, y se me está secando el cuerpo.

También porque ahora, sé del aroma de la tinta fresca cuando se está sin ropa. No pueden verme sin sacarse los ojos. No puedes llegar a mí sin irte de ti. Tal cual tus besos. La tarde aquella partió al mar sobre un barco de papel. Lo firmé con la lengua. Con un canto de voces profundas y nítidas. Agridulces. No te he dicho como era el azul en su centro. Tampoco la urgencia de mis manos a la orilla. O el hambre aquella de agrietar el vientre con dos dedos. Como una ventana a vacíos insólitos y morder sus bordes, abrir la boca grande para que entre la tierra. Hay imágenes que recuerdo, sin embargo. Cómo tu locura, entre melodías y guerra, revoloteaba sobre una espalda femenina. Las espaldas para mí siempre han sido largos y gélidos pianos. Una marcha de huesos que he de seguir muy bien. Tal un estómago y sus cuerdas. Mi pequeñez y tu grandeza. O hacerte el amor en idiomas gitanos con violines dramáticos. Después de eso, sólo puedo seguir tus pasos blancos. Te estoy escribiendo como besándote las raíces de los píes. Te estoy amando aun entre estás frías cosas. Repitiendo instantes íntimos donde deseamos introducir dedos en brechas gigantes. Todo eso que se ha ido contigo. Que no podremos nombrar jamás. Se mantiene estático a las luces. Y a los parpadeos. Queda dentro de un vuelo suspendido de notas armoniosas. Te llamo desde una esquina de la tarde que adormece. Seis horas más hacia ti. Comienzo a hablarte desde mi indómita vida: voy a dejarte cuando ya no exista más música y libros. Cuando hayamos definido exactamente como convergían los colores de la noche. Y claro, a qué sabe el sonido de los abrazos dentro de nuestras manos.

Ofelia Waltz




Praha-In Your Memories

13 comentarios:

Josep Julián dijo...

Me he sentido pequeño y en desventaja, que a lo mejor es una forma de ser grande y ganar.

Bletisa dijo...

Procura no sostener demasiado tiempo el cemento en tus manos: Es malísimo para la piel por preciosas que sean las Crevasses( grietas)de marras.

Me gusta más la imagen que el texto. No estoy para tristezas hoy.

Escribir es seducir dijo...

MUY LINDO POST

SIEMPRE SORPRENDIÉNDONOS!!!!!!!

SALUDOS

Camy dijo...

Los glaciares son hermoso y atrayentes y antes de hacerse la crevasse, el sonido a veces atronador, a veces calmado, siempre envolvente, puede invitarnos a acercarnos en exceso y peligrar nuestra existencia.
El amor único, excesivo, puede ser maravilloso, pero nos puede absorber de tal manera, que nos impida hasta eso, hasta saber amar.
Life and Love precioso y volar por París con Chagall otra atracción de la que no me resistiré.
Un beso

Alamut dijo...

Al andar sobre un glaciar, las rimayas (o crevasses) son las trampas azules que el hielo nos tiende, ensordecedoras, acechantes. Heridas de un avance imparable hacia el valle que es su fin.
Besos

Miguel Baquero dijo...

El texto y el cuadro son estremecedores

La sonrisa de Hiperión dijo...

Pasé a saludarte y a desearte un buen fin de semana.

Saludos y un abrazo.

♦PªU♦ dijo...

totalmente transportada como siempre, es un apasión que sólo vos sabes contar.

Besos y abrazos!!

CHAPEAU dijo...

Existen medidas estándar. Pero la normalidad no es tu fuerte; la locura hace a veces que las cosas que sentimos y deseamos sean efímeras o desbocadas.

Me encanta!

PSYCOMORO dijo...

Sucede que nunca puedes marchar del todo, Paciente; los tiempos son abrazos que no saben acabarse. Muy bello. Saludos

Bellaluna dijo...

La vida es bloque de hormigón y grietas. Se va endureciendo y abriendo a medida que avanza. Un día no deja respirar...

Pilar dijo...

Lo malo del cemento es que cuando crees que ya tienes las manos limpias lo descubres seco entre las uñas (y eso sí que es difícil de sacar).
Beso con cacao

La sonrisa de Hiperión dijo...

El sonido de los abrazos... sólo los sonidos... ya desprenden calor...

Saludos y un abrazo.