"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

06 julio, 2009

Paralelo 60º S




El impulso de un barco es adentrarse en el mar, como la mirada se adentra en un paisaje para alejarse de los ojos. Por el sur del mundo, hacia la Antártida, el día acechaba todas sus constelaciones detrás de una nube. Mis manos ateridas entre tus manos eran ya pedazos de hielos derretidos, una salpicadura de agua, desleídas en un cielo transparente “Los barcos son como la estabilidad del tiempo, pendulares” No es el barco, es el mar, el barco está quieto, en realidad. Actually en inglés es algo así como una manera cortés de decir “Te equivocas”. El viejo barco Ruso se escoraba en el universo de las olas, deslizándose sobre sus propios arrecifes artificiales, galerías de metal, abrasadas por el sollozo del agua que, violentamente, entra y sale. Se desprendían cielos, about the clouds, con ese gesto de algodón, guatas deslizándose cuidadosamente sobre la piel azul del mundo, allí, sonrojándose cuando a la luz roja del sol se le derramaba el mercurio, amarillo yodo, que parecía curarle los rasguños, con ese impulso del viento que no insistió jamás en el espacio. Y el cielo flotando con nenúfares estelares teñidos de blanco, pálidas acuarelas sobre un lienzo gigante. La Antártida es un jardín de sábanas blancas, a veces amontonadas, en cumbres desordenadas que el tiempo planchará. O no. El mundo pondría ser un vaso desbordado de hielo y agua, allí. Sólo eso. Luego tú, arrastrando los dedos sobre la cubierta del barco, sintiendo su tristeza de barniz y sal, tan al infinito de lo blanco. Porque todo era blanco excepto tu chaleco salvavidas. Parece que no sabíamos a dónde nos dirigíamos o que siempre estuviéramos en el mismo lugar. Intentamos, con una brújula sobrevivir a ese efecto visual. Pero fue inútil porque teníamos de referencia distintos puntos cardinales. ¿Sientes frío? Una alambrada de hielo, una gran ciudad de icebergs. Algo de eso. Fuimos una zodiac deslizándose suavemente sobre los bordes del agua por temor a despertar algún desprendimiento, la levedad de una mano aprensando al miedo, de un invierno que llegaba a finales de julio. Calles congeladas sobre un légamo de agua, chapoteando en el cielo, cajones de atardeceres que duran tantas horas, la dirección del planeta sellada por un pingüino. Eso era. Soles boreales pregonando colores que pasaban como caracoles lentos, recuperándonos la vida solamente con los ojos, como si a través de los párpados cerrados se pudieran atravesar todos los rincones del mundo.




[Quería hablarte de momentos, de que cada segundo cuenta un tipo de historia, que existen múltiples segundos que caen como gotas, que luego el frío –probablemente- las convierta en rocas de hielo. Y nada más. Quiero volver el próximo año, o cuando sea que salga ese barco. ¿Me avisarás?]





The Drop-Peter Gabriel

17 comentarios:

Violeta dijo...

mi querida navegante que envidia me das...viajé a Ushuaia y nos faltó dinero para coger el barco ruso que cruzaba la antártida, cada dia nos asomábamos desde la ventana de nuetro hotel en el gracial, veiamos el canal de beagle y soñabamos con ese viaje...soñabamos que un dia lo hariamos...ahora ya no puede ser, pero con tu relato me hiciste soñar que habia llegado...un beso enorme mi querida amiga.

Carlos dijo...

Un barco es un apuesta al infinito, (aunque no se mueva)

Un beso.

Anónimo dijo...

Una foto "firma" de un viaje imaginado en las mentes soñadoras de dos náufragos sentimentales. Y preguntas, insistentemente, por un estado de ánimo antes de desvelar tus nuevas coordenadas...
Bellísimo.

Tantris.

Calle San Juan de Dios Nº8 dijo...

La suavidad dee ts palabras han calado mis sentidos.
El tacto de la nieve tras mis guantes de lana, el frio viento sobre mis labios cortados, el olor a sal y frescura, el color azul intercalado con la blancura luminosa y el deeo de extender los brazos y dejarme embriagar por tu relato, fluir por él.
Tus palabras me han hecho recordar una película dano-sueco-alemana y el rostro de su protagonista: julia ormond

J. J. García Rodríguez dijo...

Simplemente pasé por aquí para dejarte un vasito de limón granizado por si sientes nostalgia. No te ofendas, lo hago incluso sin ánimo de bromear; es que por estas tierras es lo más fresquito que tenemos; es lo más parecido al polo que tenemos.
Eso, y el twister de lima-limón.
Eso sí, también en el desierto uno siente que pierde la noción del espacio, pero creo que traerte de regalo ese recuerdo, no te iba a hacer la misma ilusión...

Oye, ahora en serio, muchas gracias por volver a leer y comentar. Se nota. Un gusto.

Hasta/o pronto/a
Ciao.

Robèrto Loigar dijo...

Navegar sin pasaportes ni equipajes. Es más que una travesía ligera.
Me sentí un pasajero de primera clase en la lectura.

BUENAS NOTICIAS dijo...

Paciente, si no te sabe mal, avísame a mí también que, si puedo, me apunto a la travesía...
Qué maravilloso post. Valió la pena esperar un rato ;-)

¿Conoces el "Libro del desasosiego" de Pessoa? Es que el inicio de tu entrada me hizo pensar en una frase de este libro que, por alguna razón, me quedó grabada. "Pensamos que un barco es un objeto cuyo fin es navegar pero su fin no es navegar sino llegar a un puerto..."

Te mando un abrazo fuerte, querida paciente

Violeta dijo...

solo vengo a darte un beso..

Walter Portilla dijo...

Me han encantado varias figuras querida Paciente, por ejemplo, la huída de la mirada de los ojos, alejándose. Por ejemplo, cuando el sol desparrama sus colores para regalarnos imágenes bellas. Los nenúfares que son nubes, las sábanas planchadas de la antártida, y al final, los sueños de tus ojos que se te escapan como niños jugando alrededor. El aviso de salida está colgado, falta que te subas al barco, él te espera.
Un beso querida Paciente, me encantó tu regreso con imágenes blancas.

LABELIA dijo...

estoy aquí, recibi tú mensaje. Un gusto pasear contigo ¿Los amantes del círculo polar? no llegan y aún espero. Un abrazo de esos que se dan cuando se echa de menos.

Camy dijo...

Son tan bellas todas las metáforas que me siento profundo temor a dejar palabras estúpidas.
Cada uno estamos en un barco quieto o mecido,
golpeado, arrastrado por la vida(el mar) con más o menos oleaje e incluso icebers.
Hay pasillos más estrechos, carentes de nenúfares y entonces, manejamos una zódiac.Podemos habitar el mismo barco y no recibir la calidez de unas manos...
La misma soledad de Amuseng, los mismo cielos, .Se ha de seguir...

Un beso

Violeta dijo...

Tienes un premio en mi blog, espero que te guste navegante..

Mauro dijo...

Me hiciste recordar cuando navegaba, y el mundo era sólo un espejismo, cuando la vida se desenhebraba ante cada ola, pues todo quedaba atrás.

Me hiciste recordar el rozar de la madera lúbrica sobre el agua, y el movimiento de las ebrias tablas que nos separaban del abismo.

Todo eso me hiciste recordar, pero por sobre todo, el crujir de la quilla abriendo el camino que no existía, buscando la huella que nunca se había perdido, y la libertad inmensa que no te cabía en el pecho, mientras las horas eran sólo el deslizarse de las fardelas en el horizonte.

Beso, grande.

Argonauta dijo...

Hola paciente, me temo que en realidad son las mareas de nuestro corazón las que moldean el recuerdo de los paisajes que vamos conociendo en el viaje.

Admirado como siempre.

Laura dijo...

y en cada gota un sueño
y una pesadilla en cada charco
el cabello desleído
los dedos congelados
y dos que se toman los labios
como buscándose el fondo

Anónimo dijo...

Hola caracola! tu super pasillo esta cada día más bonito, y esa foto es preciosa! aunque la nubecilla esa la voy a "estrozar" como siga molestando... imaginate colegui que un día descubrimos que no habia nubes que las pusimos nosotras porque no soportabamos tanto sol... y hasta aki mi reflexion de hoy, toy mu loca lo siento... bueno me voy a la comuna de los joios a ver si consigo que entre alguien jeje... como dicen los niños de mi curro tq hasta las nubes y más allá...

Alberto Espejel dijo...

yo nunca habría pensado
que la antártida estuviera tan sola
que la antártida fuera un paisaje
o pasaje
de recurdos votivos
de memoria azarosa
y cielos terriblemente espectaculares

tú no sabes pero tus textos
siempre me llevan a la pausa
y al suspiro de la memoria

(sabes que aparece en estos momentos como "verificación de la palabra" patalogy, ¿te imaginas?, no hay mejor palabra para este blog que esa)