"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

17 abril, 2009

Cuando sólo era eso

La plaza era el impulso del pueblo, pero desde tu terraza parecía una nasa atrapando presas entre alambres de humo, como si la gente se empotrara contra el ruido en esa manga de red decibélica que son las fiestas de verano y letrero. Tu gato venía a darle pequeñas mordidas a mis dedos para luego lamérmelos.

- No entiendo a tu gato, te lo prometo- Te dije.
- ¿Qué haces Luisito?, estás tú muy rarito, sí... Eso no lo hace nunca, se ve que te tiene cariño, o será que se ha comido otra vez las plantas de maría.
- Tía…

La terraza caminaba entre multitudes, esos sonidos que llegaban como un siglo de micrófonos, desde lo lejos. La noche iba teniendo vocación de hotel, de encierro y voces. Así que enchufé el mp3 a los altavoces de tu ordenador mientras tú preparabas unos porros, luego bebimos mucho de ese vodka que tenías sobre la mesa emulando una vela a medio consumir, la apagamos como si fuéramos a apagar el mundo con la boca, como si nos bebiéramos aquel fuego que a nosotras mismas nos quemaba. Con toda aquella cera que taponaba nuestros labios hambrientos de revolución cotidiana.

- Joder, tienes como mil canciones en el reproductor- Me dijiste asombrada.
- ¿No te has quedado? Es la misma, siempre la misma.
- ¡Qué dices!

Me hablaste de nubes negras sobre la cabeza en ese verano azul y rosa, y te fuiste quitando la ropa frente al hombre que nos miraba desde el balcón de la otra casa, -está acostumbrado, está acostumbrado-. Yo fui solidaria. El viento rozó mi cuerpo con una suavidad nueva, extraña, los gritos se morían en la plaza como el sonido de una radio que se va quedando sin pilas, tu gato dormía a mi lado, el fuego del alcohol era un tatuaje complicado que aún estaba sanando sus heridas, las luces se estrangulaban con sus propios cables debajo de nosotras, la libertad era un gesto al otro lado del hemisferio o una garganta que se duplica The killer in me is the killer in you, una vez y otra y otra…





7 comentarios:

J. J. García Rodríguez dijo...

Eres buena concediendo deseos, no comprendo ciertas cosas. Lo del otro día era una sugerencia, ya sabes, nada más. Siempre intento decir muchas cosas y siempre me callo muchas otras, así que no sé si luego...

Pero a lo que iba: vamos a tocar un rock and roll a la plaza del pueblo.

A mí lo que me gustaba era ver al futuro cura del pueblo dándole palique a las jovencitas inglesas. Y a los hijos e hijas de los emigrantes españoles que habían venido acompañados por sus amigos y amigas de las grandes capitales a pasar unos días de vacaciones y la estaban armando buena. Y a los ancianos lugareños que se pasaban toda la noche sentados en la plaza de tapeo o dándole al abanico porque vivían allí mismo y el ruido no les dejaba dormir. Y la juventud municipal y la de los alrededores. Todos bailando juntos después de amanecer, destrozando a escobazos los farolillos al acabar la última noche...

A todo esto, la guitarra que suele andar echada en mi sofá (no tengo gatos que me roben el sofá) se ha estremecido al escuchar esa canción. Un amigo solía intentar enseñarme a tocarla -creo que ya ni se acordará él-, pero yo sólo toco de oído, no de vista, así que no la aprendí nunca, ya que ni siquiera la cantaba y así quedaba incompleta en mi imaginación.

Vamos, que me ha gustado. Gracias.

Un besazo guitarrero

J. J. García Rodríguez dijo...

Uy, qué susto al ver tus preguntas... Je.

Y ahora que vuelvo a leer el primer párrafo de mi comentario lo voy comprendiendo: creo que no lo he dejado muy claro. Creo que falta algún punto y aparte por ahí, etc... Disculpa, todo está escrito muy deprisa.

A ver si ahora me sale. Cuando digo que me callo me refiero a todo tipo de preguntas indiscretas y confidenciales que se suelen hacer los amigos en esos casos y que en la comunicación vía blog no proceden, por la falta de intimidad.

Sinceramente, lo que no comprendo es la decisión (imagino una ruptura por ahí) de la otra persona en cuestión... En fín. Desde aquí es lo que se siente. Es lo que tiene no conocer en realidad nada de la historia, leer e imaginar demasiado.

¡Me expresé mal, siento el malentendido! Qué corte...

BUENAS NOTICIAS dijo...

Yo, a veces, me obsesiono también con una canción. Y durante un tiempo me siento incapaz de escuchar nada más, como si al cambiar de música estuviera traicionándola.
También me gusta la solidaridad.
Un abrazo, paciente!!!

LABELIA dijo...

He vuelto. He vuelto y he paseado por tu plaza, siempre vuelvo a los lugares en los que me siento cómoda. Tal vez vodka no, pero una cervecita fresca, si ¿Hace? No las he contado, la compulsión me puede--menos mal que ahora no es, digamos, tan ostensible, jaja--pero he escuchado la misma canción una y otra vez hasta llevarme al convencimiento que no debo reprocharme nada. Un gusto volver a pasear por tu pasillo. Un beso empático.

Anónimo dijo...

Hola colegui!, pues aqui estoy preparando bizcochones de chocolate a las 2:30 de la madrugada jeje... espero que este verano vuelvan las noches en la terrazita acompañadas como siempre de nuestro vecino mirón,Luisito y Maria que no falte jaja, un beso amiga, es un honor formar parte de este pasillo, Ahul!

La paciente nº 24 dijo...

Querida anónima,

El placer es todo mío, no porque estés en este blog, que también, sino porque estés dentro de mi vida.

Se te ha pegado el Ahul! de David, jaja.

Felicidades mi niña, ya sabes por qué.

Laura dijo...

me encanta placebo
me gusta mucho loque he visto.
volverée