"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

27 marzo, 2009

Y a veces el espacio o una cometa en el filo de mis dedos

“Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte / porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura que los cambiantes sueños”. Olga Orozco.

Más allá del viento, en lo insostenible, en el preciso instante del desequilibrio, allí en la cima, en el aire, te codicio. Pero alguien sopla, indiferente, debajo de unas alas; es la boca despiadada de la vida que remonta, lo mismo una hoja seca que una herida. Se prolongan las horas como en un espejo una imagen se duplica, mostrando una realidad inversa e intangible. No me sirve. Y es extraño saber que he logrado olvidar ciertas cosas, tan extraño como debe ser la soledad de una amnésica; olvidé sentir, fui lúcidamente fría, ajena. ¿Dónde vive todo aquello cuando me paro hoy frente a ti? La actualidad es esa sensación de vacío, como si el dolor me hubiera llenado todos estos días y ahora es el vacío. Una fuga disociativa. O sólo yo, ahora yo. Una lata de sardinas que parece inservible hasta que Oscar Domínguez la convierte en decalcomanía, el arte es así. Digo vacío y es el hambre. Quizás el hambre. El dolor; su no presencia. O la extracción de un clavo en una pared. Pero el hueco sigue ahí, en su despedida redonda y negra. Un agujero de cal y olvido. Y un taco de plástico, en su interior, que no sostiene nada. La memoria no es ese garabato que se borra con el tiempo. No. Eso es mentira. La memoria es la alcayata que se clava en el cuerpo para colgar un retrato y que te adorne la autoestima. Yo misma golpeé fuerte aquel martillo y en cada golpe se clavó un beso, una palabra, una resignación, una mentira, un descalabro, un sinsentido. La forma más inconciente de abrir una brecha, de que salte una piedra o el alma a porrazos de máquina de feria. Pero mientras el cuadro crece se revaloriza. Sin embargo el clavo se oxida, se debilita y la pared amarillea. El clavo, que cae al suelo, es el lento recrudecimiento de un monosílabo que jamás escuché. Debiste decirme lo absurdo que era golpear mientras otro martillo empujaba hacia fuera. El olvido. Una pinacoteca en llamas, otra mejor situada, de reconocido prestigio.


Y ahora que parece que ese hueco ha entendido su falta de utilidad, me da por pensar que si saliste de él, alguna vez, fue porque una noche, mientras soñabas con alguien, yo dibujé, con el filo de mis dedos, una cometa en la superficie de tu espalda y ya la propagación del aire soplaba en su crepúsculo como el pausado abandono sopló en el terror de mis voces cuando te llamaba y dejaron de existir tus sonidos.




12 comentarios:

arena dijo...

siempre me emocionas con tus textos me gustó mucho la comparación que haces del clavo y la memoria...como siempre es un placer leerte navegante..

Anónimo dijo...

Eres clavo de acero inoxidable del que cuelga un sentimiento robado, pero no desprendido. Eres taco firme, sustentador de un universo único, pero despreciado. Eres cuerda; sí, cuerda que sujeta la cometa que el viento lucha por llevarse...

Eres tatuaje en la espalda, falsamente repudiado, vergüenza en la visible piel, añoranza en el escondido corazón...

De tu pared colgarán otros cuadros, otras impresiones, otros tatuajes; Porque el arte a veces se deprecia. Porque al final de la memoria siempre quedarás tú.

Tantris.

Walter Portilla dijo...

Querida paciente, como siempre, delcicioso texto! metáforas que entiendo desde una profundidad como la que deja el clavo de tu incertidumbre. Un mensaje pleno, lleno de figuras que parecen un lamento. Las preguntas del cómo, por qué, cuándo y el qué pasó que no lo entiendo.
Cosas que también me sucedieron pero las digo con otras palabras. Estas, las tuyas, escapan de mis manos pero quisisera poder atraparlas alguna vez. Dibujar con el lápiz que guía el recorrido de tus letras.
Me encanta tu expresión, tu decir, tu manifestar un descontento sin explicación.
Mi abrazo enorme querida paciente.

J. J. García Rodríguez dijo...

La soledad no existe, sólo nos persigue a veces, se reitera pero desaparece, como una nube negra con prentensión de lluvia en el núcleo del verano.

BUENAS NOTICIAS dijo...

Me ha encantado este texto. Bonita manera de hablar del olvido. Eres pura poesía, paciente...
un abrazo!!!

La paciente nº 24 dijo...

Tantris

Y tú martillo.

Gracias por lo que dices siempre.

arena dijo...

Gracias mi niña por la información intentaré descifrar lo que allí pone, me pasa como con los manuales de los aparatos, vídeo etc., sopy incapaz de descifrarlos jajaj, un besito corazón, como siempre por estar tan cerca.

Calle San Juan de Dios Nº8 dijo...

Es la primera vez que subo en tu planta y me ha gustado tu texto.
Me gusto la analogía entre cuadros colgados en paredes y memoria, la piel amarillenta y los sentimientos de los cuadros sobre la pesona.
Seguiré subbiendo de vez en cuando a tu planta.
Saludos

LABELIA dijo...

Tengo una galería hecha de recuerdos y unos tacos preparados para colgar más. Son mios, la exposición permanente aunque a veces, como es éste caso, gusto de poder contar con tu obra.
Un placer pasar por aquí, ya no tardaré, lo prometo.
Abrazos.
Labelia

Feroz dijo...

y más abrazos de mis brazos.

arena dijo...

Acabo de ponerle tu título a mi poema, realmente me has entendido a la perfección mis sentimientos cuando lo estaba escribiendo...muchas gracias mi querida niña.

BUENAS NOTICIAS dijo...

Hola paciente, paso de nuevo a saludarte y a agradecerte tu comentario de hoy en mi blog. Me ha emocionado. Muchísimas gracias. De corazón.
Un beso gordo,
Elena