"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

11 octubre, 2009

Ciudad fetiche


Tal vez sea la visitante que ni siquiera conoce la piel arañada que atraviesan tus uñas o una lágrima en el muro sin una voz que necesite perdonarme, que me busque como un relámpago retomando un destino. Ahora sólo queda un eco o dos desconocidos que vienen desde lejos después del mundo y el fuego, en ese instante en el que el diálogo de la noche y las manos del silencio se han ido encontrando, para decirme ansiosas piedras sobre la ventana, que mira alerta desde lo alto los golpes imposibles de la calle, mucho después mojada. En un tiempo que creí tenerte, cuando descubrí el terrible olor a hierro que habita tus entrañas. A velocidad de duelo; mi corazón te sangra. Pero tampoco tú ves en el cielo las puñaladas del aire, junto a mí, sin que sepa señalar tu nombre con el golpe del insomnio que me desvelas en busca de los sueños, de la sangre, solamente por llegar, ya tanto, como una rama al suelo, como un parpadeo sobre un libro; innecesaria, obligada. Estoy obligada de ti que vienes hoy y volverás mañana, ansiosa, contra mis manos de otro cuerpo que también te abrazan para culparte del abismo que se balancea con tu ritmo de ráfaga, esas que se doblegan para recordar tus idas de pluma en una jaula que siempre estuvo descubierta y enseguida aquella puerta cerrada que se sostiene en un océano sin rostro mientras intento romperlo con mis brazos a ninguna parte. Quizás seas apenas mi enemiga, muchas veces inasible a mis asilos, dócilmente pactada en la caída, insistente compañía como enjambres de promesas a mí misma, más que tú; yo te permito ser amenazada de envoltura, pero no en ese lugar de las llagas que se sobresaltan a mis pies, aquí, entre el vaho de los besos que se empañan en un vidrio violado por tu hambre y mi deseo. Bastará entonces un solo gemido que me condene en Madrid para cercenarme los límites del agua y el vacío del destello aterciopelado de tu pecho, que me baña en cualquier esquina de mi almohada, que me empapa, que me empapa tanto, sin quererlo.

6 comentarios:

Violeta dijo...

Cuanta pasión invaden tus ppalabras no importa que sea en la ausencia o en la cercania siempre la pasión está presente en cada paso que te hace vivir ese amor que describes...un beso enorme.

J. J. García Rodríguez dijo...

El ritmo de ráfaga también es tuyo, que obliga. Tus palabras en menos de un tiempo, en menos -ya- de una luz. Y arrasan sin que tú lo permitas -creo. No dejan. Nada aquí mismo de lo anterior, sino de lo ahora: aguas estancadas, hélicopteros sobre árboles altos al rescate, llanto, victimas, pérdidas. Y un futuro del color de una charca, que parece que no existe pero vendrá.

Susy dijo...

Consciente fatalidad es lo que alberga cualquier amor maldito.

Saludos.

Camy dijo...

Hemos compartido una Terapia alternativa "En busca del tiempo perdido".
Un gozo cada palabra y una sensación única su lectura.
un beso

BUENAS NOTICIAS dijo...

Leo melancolía y pasión entre tus letras, querida paciente. ¿Se puede sobrevivir a tanta intensidad?

Lía. dijo...

Cuanta pasión en tu escrito provoca y a ratos anula, es la intensidad misma de un alma expuesta a merced de aquellos que te rondan y te animan.
En el amor que traspasa todos los recursos pensados, se quedan y se esconden una y otra vez los sentires y las pasiones, ahora en el rescate quizás logres coincidir con la conciencia que se extravía y la melancolía que retumba.
Un abrazo.