"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

24 febrero, 2009

Recovecos

Se la ha merendado el tiempo o las nocturnas polillas, con ese ruido de grillo mínimo, de animal doméstico –socializado- y se escucha el lento asesinato de la madera, la muerte de la casa, la mordida del hogar. Como cuando tú te fuiste. Y van dejando a la puerta con la estabilidad de una hoja, un hueco por dentro como una pierna sin contenido óseo; la apariencia inestable de una piel que no envuelve nada. Quizá podría decir que fue así, que fueron las polillas, que saciaron su hambre en la taracea de mi memoria o que aún están ahí, para hacerte un hueco –que en realidad siempre había estado adentro- y decir, también, que esta pequeña agresión no te va sustituyendo. ¿Las escuchas? Suben a escaladas, tararean su sonido de obreras, apresuradas en sus ordenados laberintos, axiomas de una inexistente conspiración contra el otoño. Comienzan por los cimientos más débiles, por el dolor más sonámbulo, por los oídos más sordos, por una pierna. Y se acumulan en el suelo las bolitas de madera y las alas que se desprenden de sus cuerpos como la luz se deshoja de una bombilla en una taberna. Grutas negras que nos llevan al filo del cementerio de los días, a la calle de las sombras, a la estabilidad de lo invisible. Como ellas que siguen escarbando de recoveco en recoveco, de vida en vida.



6 comentarios:

Mauro dijo...

"Como cuando tú te fuiste".

UFFF

Malditos bichos que corroen tan lento.

Brillante, con "B"

J. J. García Rodríguez dijo...

Los recovecos de las puertas, minadas siempre por el mismo ejército que construye las telarañas de las porterías: arañas, polillas, cucarachas, carcoma, coleópteros.

Se aferran como chinches a los restos de un naufragio.

Como quien (te) escribe, que se aferrada a la madera más húmeda de este recoveco. Intentando asir el salvavidas de su vacío.

Por cierto: goleada del Pasillo de la Octava frente al Real Madrid de la Novena. El dorsal 24, finalmente se hizo un hueco en el equipo y materializó todas sus ocasiones.

Hasta la próximo partido.

Laura dijo...

Llego sin buscarlo y aqui me encuentro con un registro de emociones que hacen eco en mi.

Nunca me han gustado las polillas... malas experiencias.

Si me lo permites, volveré...

Un abrazo calido

Anónimo dijo...

Hola colegui, aprovechando mis 10 minutos de descanso he venido a rebolotear un poco por el pasillo, me ha gustao muxo el último relato, tienes que hacer uno sobre las nubes, ya sabes..., aunque pensandolo bien si nuestro querido nubarron ha visto las fotos de carnavales es posible que no vuelva jamás :DDD, eso unido al hallazo de mi chaqueta, que estaba siendo pisada por unos transeútes ebrios (que bien me expreso eh!) nos augura un buen verano 2009, muyy soleado!!! bueno colegui te deseo un sol enorme siempre, se despide hadita de los bosques.

P.d: Onde stan mis timbres??? :DDD

arena dijo...

Que sensacion de tristeza me ha embargado con este texto y esa música tuya...tristeza, nostalgia no se muy bien como me siento en este instante..

Carz dijo...

No todos los recovecos son sombríos, aunque carezcan de luz. No todos los recovecos constituyen un proceso de derrumbe, aunque su naturaleza sea la oquedad. Algunos forman parte de la personalidad de alguien que nos hizo amar al recorrerlos y descubrirlos. Parafraseando a Saramago "Amó por que le hicieron amar y amará siempre por ese solo y único motivo".

Queda dilucidar si todos los recovecos participan de un proceso de demolición, o sea, de la vida, como dijo Scott Fitzgerald