"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

26 octubre, 2008

Sudor de barrio



“Qué asco, tu barrio”. De las líneas de la ropa cuelgan pieles de animales: perros, liebres, bufandas o humanos, no distingo el color del cuero cuando se seca, degollado por pinzas de madera. Lavado a mano, prenda delicada o tiesa. La velocidad arranca retrovisores, despelleja a tiras los coches, tatuajes de llaves y ácido en sus chapas. La venganza es fácil y no molesta a casi nadie. Se pisan jeringuillas inyectadas de sueños y fracasos. Nos comemos el estiércol de algún idiota que se desprende de lo inservible a modo de limosna. ¡Qué generoso! Mientras en la calle de abajo se queman billetes para calentarse las manos, en la gigante chimenea del mundo, donde unos queman y otros arden. “Qué asco, tu barrio”, me decías mirando de reojo la otra calle. Ya, amor, ya, pero si tú vienes esto es oro. En el parque se lanzan de los toboganes jóvenes suicidas con su último chute (no hay dinero para modas) “Vuelo suicida del tobogán kamikaze”, así lo llaman los drogatas. Los niños y niñas ya lo juegan por las mañanas, mientras se escucha la sirena del colegio. Las letras y los números son ese simple sonido lejano que a veces molesta. Se estrenan. Se entrenan. Se colocan un regaliz alrededor del brazo cortando la sangre o se meten un caramelo en la boca, luego se baban convulsionando. Ríen lo que el tiempo les hará llorar. Ruedan los cubos de basura como monopatines atropellando motocicletas. “Qué asco, tu barrio”. Al mendigo que duerme en el suelo se le despierta a patadas o a pedradas. Somos así de delicados. De delicadas. La poesía se escribe en graffitis y con faltas de ortografía. El cartón de vino apurado, estrangulado hasta su última gota es la más terrible de las anomalías. El rumor es noticia. La puta una santa o una trabajadora social, según el favor que te haga. Si estás de mal humor quemas un coche y santas pascuas. “Qué asco, tu barrio”. No aporta nada mi barrio, no, mi amor, nada, sólo un incendio nuevo y un sol menor. No tan alto. No tan astro. No tan sol. Tú no pertenecías a esto, así que saltaste a la otra calle, nunca me has pertenecido (no lo pretendía, pero me hubiera gustado, me hubiera gustado), nunca has pertenecido a nada y sabes que hay otra calle debajo de la otra calle y viceversa o sucesivamente, más calles. Y seguro que las miras de reojo mientras le dices a alguien “Qué asco, tu barrio”. Ahora que lo pienso, igual sí, sí que perteneces a algo. Ciudades.


5 comentarios:

Miguel Sánchez Robles dijo...

Me preocupa que leer mi blog te pueda enloquecer, pero también me gusta. Tus fotografías tienen una belleza rara, selectiva. Y tus citas y tus libros referidos son como una selección muy potenta de algo. Tu visión de "eso" es preciosa. No deberías ser paciente número nada. Gracias también a ti por todo.

Carz dijo...

Hasta en los peores entornos podemos aislarnos en forma de un ser bivalvo con dos consciencias que se entrelazan.

Anónimo dijo...

Tu barrio... Cuántos días intentado imaginarte por ahí, desde los kilómetros de las distancias físicas y emocionales. Me gusta tu barrio. Tu barrio no da asco. Estás tú en él; le das color y pureza. Te veo caminado por sus calles, soñando, imaginando... Siendo tú misma, esa chica tan especial que mira más allá de las descuidadas paredes de las calles.

Tantris.

J. J. García Rodríguez dijo...

Imagino que estarás escribiendo a mano una nueva versión de Sudor de Barrio: "¡Qué asco, tu teclado! ¡Qué asco, tu teclado!"...

He mirado en algún foro. Igual es un virus o un espía... Si quieres lee aquí:

http://es.kioskea.net/forum/affich-112576-doble-tilde

De lo contrario es que lo tendrás machacado.

Estoy aquí, en tu barrio. Mi ciudad es un gran ejemplo de lo que no es el Urbanismo. Las aceras de mi calle, además, están llenas de suciedad y de marcas de viejas zanjas, de todas las zanjas. Recuerdo cuando pusieron el modelo de pavimentación que actualmente lucen, hace muchos años. Yo era pequeño y jugaba al escondite entre los montones arena, y entre pilas y pilas de cuadrángulos de acera, o entre hormigoneras y apisonadoras. Las calles que se remodelan son ahora otras, nos han olvidado.

Escribe. O mejor dicho, publica algo nuevo -yo creo que sigues escribiendo-, que tengo mono.

Dame tu dirección. Te mando un teclado vía Postal Express. En serio.

Anónimo dijo...
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