"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

03 octubre, 2008

La lágrima del mimo

El mimo está entre la ingravidez y la gracia. Con un telegrama urgente en su mirada. Actor de una farsa obtenida por la pálida narración que le encala la cara. El blanco de su representada profesión. Ya le tiembla la mano al pintarse la lágrima negra que cuelga del margen de su ojo izquierdo. Y mientras se maquilla, la recuerda a ella: “Jamás llorarás por mí”, le prometía mientras besaba su lágrima. “Jamás”. Colecciona su recuerdo, alarga la memoria; como un elástico reblandecido y estriado por el uso. A punto de romperse. Sólo tenía gestos para regalarle. Le hubiera puesto una manta a la tarde para que ella no sintiera el frío de la calle. Empolvado de irrealidad aún le sonríe antes de actuar. Unos céntimos que apenas caen sobre el sombrero le bastan para sobrevivir. Ella se fue. Cambió el asfalto por el escenario, la luz de sus ojos por los flases y los focos, el amor por el teatro, las monedas por cheques de oro, las sonrisas por aplausos y a él por otro…La mano le tiembla al pintarse la lágrima, que muchas veces empapa. Ya nadie le besa la cara. En la mejilla permanece, intacta, esa lágrima. Falsifica promesas sólo para escucharla de nuevo. Representa su historia y el resultado carece de calidad por ausencias de ternura. Cuando termina la función se acerca al teatro donde ella actúa; escucha el silencio que devora aplausos, imagina las butacas vacías y desangrándose como su alma, las luces apagadas como sus ojos y las puertas cerradas a todo…Arranca el cartel de la pared, acaricia su nombre, besa su imagen, se queda un rato allí; sentado en la acera, con el papel arrugado contra su pecho. Secando con él su lágrima negra. Y una vez más, amándola; antes de regresar a esa soledad realquilada que, fielmente, le espera…

2 comentarios:

J. J. García Rodríguez dijo...

Pues ya me van quedando pocas entradas por leer... El caso es que antes de que se me olvide y antes de que fuera o fuese demasiado tarde, me gustaría pedirte que, en caso de que algún día se te ocurra echarle el cierre a este blog, por favor, me envies algun correo con tus historias o con tus poemas, si no es molestia y si te acuerdas, claro. Está segura que me encantará leerlos.

El caso es que ya que me quedan pocas entradas, me da pena que se me terminen... ¿Has publicado algo alguna vez? No sé cómo no te lo he preguntado antes... Bueno, se me ocurren varias preguntas por el estilo, ya te imaginas: ediciones, premios, etc. No me enrollo. ¡Esto de los blogs al final se queda corto!

Me ha gustado mucho el lirismo de este mimo, claro que sí, y además entrega telegramas como yo. Es colega...

Besos.

J. J. García Rodríguez dijo...

Hola. Como sé que te da corte lo de la carpetilla, me voy a esconder hoy detrás de la lágrima de este mimo para hacerte este comentario. No creas que no me siento como en Gran Hermano con todo esto de los blogs, la carpetillas, las preguntillas, las campanillas y las carretillas. Por eso vengo a veces a esconderme en algún recoveco de este Pasillo. Aunque le voy cogiendo gusto a lo de jugar al escondite, de habitación en habitación, lo hago sobre todo porque me da palo parecer un pesado ante tu público.

Pues ha sido todo un descubrimiento para mí el formato carpetilla, no creas.

Creo que me va a ser útil para el futuro. Para lo que yo escribo. No ésta que tengo por aquí; sino otra. Ya veremos lo que va cayendo dentro.

Es muy cómodo y manejable.

Sí, sí que estaba ahí donde tú decías el otro día, ¿cómo lo supiste? Agg, qué poco original soy...

Como veo que mantienes en secreto el origen de los nombres, guardaré para el momento en que me sea desvelado el pedirte una nota dedicatoria. Y un autógrafo, en mi carpetilla.

Ahí le dejo otra moneda a tu mimo, a ver si me saluda.