"Al llegar aquí, hace unos meses, afirmaba estar muerta. Desde que alguien se llevó mi equipaje donde tenía guardado un secreto y un cadáver..."

27 septiembre, 2008

Paseando en minifalda por Uganda


Camino de puntillas por el cuarto para no despertar al mundo, me coloco la minifalda sin desafiar al escándalo, me miro al espejo y no veo a nadie; vampira de un dolor que me ha mordido el cuello y se ha instalado; como un virus, en la sangre. Me pinto los años. Llevo tatuados, con tu nombre, los labios. No sé si he cambiado o si, realmente, nunca he sabido quién soy…Todo me parece aburrido, cotidiano. La vida ya no narcotiza, no es estimulante. Salgo a la calle, piropos de andamio que caen como ladrillazos. Pienso que mirar al suelo me hace invisible. No acierto. Me siento sobre el aroma del café recién hecho. Leo en prensa que el ministro de ética de Uganda quiere prohibir las minifaldas: Es lo mismo que ir desnuda por la calle y además provocan accidentes de tráfico. Me lo imagino rubio y serio; con los bolsillos llenos de intenciones y crucifijos. Sólo pretenderá romper con las estadísticas que hablan de millones de muertos en las carreteras. El alcohol, el móvil, saltarte un stop y la minifalda. La casa me da la espalda, como casi todo en estos días, la ropa sin planchar; con las arrugas que desencadenó el contacto de tu cuerpo con el mío. Tengo que volver a comer; todos me dicen que voy a desaparecer si sigo con esta indiferencia hacia lo que me rodea. Pero sólo puedo dejar que pasen las horas, invitar al sueño a que se meta entre las sábanas y al gato, triste y azul, a que salga de mi cama.

Qué ganas de pasear en minifalda por Uganda, a ver si provoco una catástrofe mundial.

2 comentarios:

J. J. García Rodríguez dijo...

Pues mira, esa catastrofe mundial sí que merecería la pena. Y no lo de Hiroshima... Es más me pondría la minifalda esa ahora mismo con tal provocar una catarsis semejante. Estupendo este texto, estupendo... Le voy a tener que poner un enchufe a la pata de la mesilla de noche: hay quien tiene un libro de cabecera y yo tengo un blog de cabecera. Oiga. Mejor eso que tener un gato triste y azul, editado y encuadernado.

J. J. García Rodríguez dijo...

Ya sabes que me tienes a este lado de internet por si surge alguna dudilla con el programa o si necesitas un mensaje de ánimo al respecto... Ya te digo que a mí me costó mucho aceptar mi voz, sin ir más lejos. Al final la presión de los días previos al acto terminó por ayudarme bastante. Cansado, me dije un esloquehay y un esloquequierohacer, y me consolaba pensando que la voz humana, al igual que todos los sonidos se deforman un poco al quedar registrados. Luego resultó que, cuando llegó el momento, apenas si me escuchaba por los altavoces mientras leía, así que todavía se me hizo más llevadero. Lo mejor es observar las emociones de la gente, sus gestos, sobre si se acercan cuando todo ha acabado. Quédé bastante satisfecho, y se me hizo cortísimo.

De momento tú no tienes presión de fechas de ningún tipo, así que juega, graba y escúchate. Escúchate mucho. Te recomiendo que vayas guardando alguna con la que te quedes a gusto, tal vez hagas algo en el futuro con ella, aunque sólo sea escucharte o compararte. Y no dejes de beber agua, y descansar de vez en cuando, que a veces nos concentramos tanto que se nos olvida. Mi garganta es una lata, me da muy poco juego. Menudas faringitis me he pillado antes de alguna lectura; por eso, por concentrarme demasiado y olvidarme de descansar la voz y beber agua mientras practicaba. Ahora ya casi no practico nada, voy casi a pelo, también ahí está la magia, ¿no? En improvisar un poco e interactuar sin nervios con los asistentes menos silenciosos -lo cual hace que estén más atentos y tú más seguro-, si se tercia.

Ostras, ¿me he puesto un poco paternal, no? Qué bárbaro...
Ahí va otro pajarito preñado, llevando este mensaje: éste de mi propia jaula (no sabes lo que me gustó esa expresión, en serio).

¡Hasta pronto! Qué chulo el texto este de la minifalda, cómo me gusta...